La rebeldía no murió

Cultura

Aunque se repita que la juventud perdió su rebeldía, la realidad parece otra: vivimos en un entorno que exige cambio, pero que ahoga cualquier intento antes de que alcance impacto. Más que apatía, lo que domina es el cansancio y la sensación de que nada termina de avanzar.

Desde chica siempre escuché que los jóvenes eran los rebeldes, los que movían el mundo. Pero al crecer me di cuenta de que esa imagen no encaja del todo con lo que veo. No creo que seamos menos críticos, pero si que vivimos cansados antes de empezar. Hay presión por elegir rápido, por ser productivos, por estar “bien” todo el tiempo, y al final cuesta tener energía para cuestionarlo todo. A veces me pregunto si de verdad somos menos disruptivos, o si simplemente estamos sobreviviendo como se puede, tratando de no perdernos en medio del ruido.

Tampoco creo que la falta de rebeldía sea culpa nuestra. Estamos en un mundo que exige participación, opinión, movimiento…. pero que al mismo tiempo parece no cambiar nunca. Sabemos más que nunca sobre injusticias, crisis y desigualdades, pero cada vez que intentamos hacer algo, todo se siente gigante y fuera de nuestro alcance. No es desinterés es frustración. Y desde ahí, entiendo por qué muchos prefieren guardar silencio antes que desgastarse en causas que parecen no avanzar.

Por eso pienso que la pregunta no es si la juventud dejo ser rebelde, sino qué espacio queda para serlo hoy. ¿Cómo cuestionar algo cuando todo se vuelve tendencia y se olvida a la semana? ¿Cómo sostener una lucha si el cansancio aparece antes que el resultado? No digo que no hayan jóvenes moviéndose o creando cosas nuevas, pero siento que nuestra rebeldía está atrapada entre las ganas de cambiar algo y el miedo que nada resulte. Tal vez el verdadero desafío no es recuperar la rebeldía, sino encontrar una forma de que todavía tenga sentido.

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