
Con el paso de los años, la política en nuestro país ha vivido una re construcción no muy esperada por la población, en el clima previo a la segunda vuelta presidencial que se llevaran a cabo en diciembre. Chile parece vivir en una paradoja: mientras la población exige mayores estándares éticos y “profesionales” de cierta manera, el mercado político se llena de figuras que resaltan por la polémica, el enojo e incluso, gracias al miedo que ejercen sobre la ciudadanía con discursos extremistas, sin una base de argumento para justificarse. Al conocer a los candidatos, surge esta pregunta ¿De verdad cualquiera puede ser presidente en Chile estos días?
Basta con observar a ciertos personajes que han formado su carrera presidencial a base del ruido mas que la responsabilidad y sus propias propuestas. Algunos se encargaron de transformar la política en un espectáculo basado en la indignación permanente: con personajes cuyo capital va de mano con la indignación permanente, la exageración y el fraude a la hora de informar, donde mas que ofrecer propuestas y mejoras, ofrecen una hostilidad convertida en “proyectos” para el país. Y luego están los otros que aparecen desde fuera, ofreciendo soluciones milagrosas vía streaming, como si gobernar un país fuera administrar un canal de Youtube.
Lo preocupante aquí surge a que hoy basta con tener presencias en redes, un discurso polarizante y una narrativa desmeritando la actualidad del país, compartiendo mensajes de odio contra ciertos grupos de minorías de la población, y este fenómeno se vuelve especialmente significativo cuando pensamos en dos figuras que, aparte de ser quienes se llevaron mayoría de votos en la primera vuelta, han captado la atención con este modus operandi ya mencionado y que comparten un mismo trasfondo: la simplificación extrema de la política como herramienta para acumular poder.
Caso Kast: una derecha sin memoria que no revisa todo
José Antonio Kast no es un recién llegado, al contrario cuenta con una carrera política extensa. Antes de transformarse en casi, el referente máximo de la derecha mas conservadora, fue diputado por tres periodos seguidos y su biografía política esta relacionada con la historia reciente del país: con una familia con vínculos directos con la dictadura y una matriz ideológica de los Chicago Boys. Su trayectoria legislativa se destaca de manera nula, al estar 16 años en la cámara de diputados votando en contra de muchos procesos históricos para el país, a la ves que esta marcada por su visión extremista establecida por la derecha autoritaria. Mas que su discurso de conservadurismo, la problemática surge en como sus propuestas se sostienen a base de una memoria histórica y sectores selectivos, que evita aspectos fundamentales de la transición a la democracia, siempre sacando este discurso de “pasar pagina”. Con esto en la mente ¿Cómo llevaría un liderazgo que esta marcado por un modelo político asociado con la exclusión, la represión y la concentración del poder?
Kaiser: el desempleado revestido de discurso libertario
Johannes Kaiser encarna en un fenómeno distinto, mas millennial por decirlo así, pero no menos complejo de entender. Su ascenso político no surge de manera tradicional en nuestro país, si no que este personaje surge desde YouTube, con transmisiones en vivo y discursos diseñados para llamar la atención, ya que a base de su historia laboral no se puede sacar demasiado para analizar. Se presenta como un defensor de las “libertades individuales”, pero su retorica se ve cruzada por una visión autoritaria y retrograda. Con la disposición para justificar intervenciones militares, dispuesto a apoyar un eventual nuevo golpe de estado en nuestro país bajo determinadas condiciones o incluso, indultar a quienes cometieron violaciones a los derechos humanos durante dictadura, y no podemos olvidar sus dichos contra las mujeres y grupos feministas. Esta postura, mas que ser libertades individuales, son ataques que llegan a tensionar la arquitectura democrática del país.
En un chile donde la memoria y el trauma causado por la dictadura aun es parte viva de la memoria de los chilenos, que un candidato presidencial minimice y llegue a estar de acuerdo con este hecho es un retroceso como sociedad. La paradoja de Kaiser es clara, se autodenomina un anti-sistema, pero su discurso se basa en odio y revive elementos duros de la dictadura militar que Chile intento superar tras la vuelta a la democracia.
Aquí el problema no surge únicamente surge con sus figuras, si no la normalización que existe del fenómeno, la presidencia no es un escenario, es una institución que exige un compromiso real por el bien de la democracia y del país. Si, parece ser que cualquiera puede aspirar a ser presidente al día de hoy, pero la pregunta fundamental no es esa, sino otra: ¿de verdad debemos seguir permitiendo que el país abra las puertas de su liderazgo a quienes buscan reducir la política y al país a un producto fácil de manipular e influenciar?
Kast ofrece una continuidad anclada al retroceso como sociedad, quitando todas las reformas a favor de la ciudadanía; Kaiser, una ruptura radical que amenaza el consenso democrático; ¿esto es lo que quiere nuestro país? Lo que esta en juego actualmente no es solo quien gobierne los próximos cuatro años, sino que modelo de liderazgo permitimos que se consolide en nuestra democracia. Entre el ruido, el temor y la provocación, Chile corre peligro de confundir visibilidad y autoridad con capacidad y ambición de poder.
Quizás cualquiera puede ser presidente. pero no cualquiera debería.
