
A sus 23 años, Amal cría a sus dos hijos entre bombardeos, desplazamiento y hambre. Su relato muestra cómo la maternidad en Gaza es una forma de resistencia frente a la muerte que acecha cada día
Desde una franja devastada, Amal intenta mantener con vida a Leo (3 meses) y Mariana (1 año y 10 meses). Su testimonio, marcado por el dolor y la dignidad, revela la crudeza de criar en medio del genocidio.
— ¿Qué sentiste al saber que en Chile existe una comunidad palestina numerosa, que contamos con el Club Palestino y que el país reconoció a Palestina como Estado en 2011?
Amal: “Agradezco de todo corazón su sincera solidaridad. Están lejos geográficamente, pero están muy cerca de mi corazón”.
Antes y después del inicio de los ataques
— ¿Cómo describías tu vida antes de la guerra?
Amal: Estudiaba Periodismo y Medios de Comunicación. Me encantaba la fotografía, trabajaba con mi cámara y tenía sueños. Me casé con un joven abogado, y poco después quedé embarazada de mi hija. Pero el genocidio comenzó mientras la esperaba.
— ¿En qué condiciones nació tu hija?
Amal: “Di a luz en la calle. No tenía nada: ni una manta, ni una tienda, ni ropa, ni comida, ni siquiera un hospital”.
La supervivencia como única rutina
— ¿Cómo es tu día a día con dos hijos tan pequeños?
Amal: “Mi vida es una rutina de supervivencia. Busco agua, comida… cualquier cosa que mantenga vivos a mis niños. La vida aquí no es vida, es resistir a la muerte una y otra vez”
La maternidad en Gaza
— ¿Qué significa para ti ser madre en estas condiciones?
Amal: “Ser madre en Gaza es convertirse en escudo, techo, almohada, muro, psicóloga y soldado desarmado. Cada misil deja una marca en mi pecho. Llevo a mis hijos de escombros en escombros”.
Un futuro que se vuelve más estrecho
— ¿Cómo piensas el futuro de tus hijos?
Amal: “Antes planificábamos su escuela, sus vacaciones. Ahora contamos los días que sobrevivimos. Mis hijos no aprenden los nombres de los planetas, sino de los aviones, tanques y misiles”.
El rol dentro de su familia
— ¿Cómo viven esta situación tú y tu esposo?
Amal: “A veces escondo mi sufrimiento para no preocuparlo. Otras veces nos derrumbamos en silencio. Luego nos levantamos y seguimos. Ya no somos solo esposos, somos un equipo de rescate”.
La fuerza que queda
— ¿De dónde proviene tu fuerza para seguir?
Amal: “De los ojos de mis hijos y de los recuerdos de mi madre. La fuerza no es una opción… es instinto maternal cuando ya no queda nada”.
Sueños entre ruinas
— ¿Qué sueñas para Leo y Mariana?
Amal: “Sueño con que escriban ‘paz’ y no ‘mártir’. Que vayan a la escuela sin miedo. Que escojan sus sueños sin bombas. Sueño con que vivan en una patria, no en un campamento”.
Solidaridad en medio del colapso
— ¿Cómo logran alimentarse actualmente?
Amal: “Mi vecino me da agua y yo le doy pan. Compartimos el dolor y rezamos juntos. Aquí la ayuda no es dinero… es un corazón abierto”.
La maternidad bajo ataque
El testimonio de Amal evidencia cómo la violencia en Gaza destruye no solo infraestructura, sino también sueños, familias y la infancia de quienes deberían crecer en paz. Ser madre a los 23 años en un territorio asediado es un acto de resistencia, una lucha silenciosa por preservar la vida

Terrible entrevista, pero real. Buen trabajo!