Un viaje desde el pololeo “mediado por la mamá” hasta el “match” digital: cómo las transformaciones sociales, técnológicas y culturales reescribieron el guión del amor a la chilena.
Tu “media naranja” ya no se encuentra a dos pasajes del tuyo, bajo la mirada de sus padres, sino que sube historias y postea diariamente en redes sociales. En apenas unas décadas, el mapa del amor en Chile y el mundo ha cambiado radicalmente. El ritual del pololeo, lento y formal según muchos, mediado por la familia y sumamente incómodo de vez en cuando, ha dado un vuelco hacia lo inmediato de las aplicaciones, donde un “like”, “match” o “repost” puede marcar el inicio de una historia. Esto no es solo cuestión de tecnología, es una sociedad que ha transformado su manera de conectar, querer y entenderse.
La revolución digital marcó un antes y un después en el amor
El pololeo de los años ’80 era un asunto familiar. La figura de la suegra o del suegro era un actor central, pues su aprobación era el primer filtro obligatorio ante cualquier pretendiente. Las reuniones eran en espacios domésticos y seguros: las onces del sábado, el cumpleaños de la abuelita, el paseo a la plaza. La comunicación era lenta, un cortejo pausado, donde la espera era escencial parte del proceso. Cabe destacar que, si bien existe una visión positiva de este tipo de relaciones, hablamos de un periodo sumamente prejuicioso y crítico con otras formas de querer.
Todo eso cambió con la llegada del Internet, el correo electrónico y, tiempo después, los teléfonos inteligentes. La comunicación se volvió privada e instantánea. El cortejo migró del espacio físico y tradicional a uno digital. Libre, pero anónimo. Sin embargo, antes de las apps de citas y las redes sociales actuales, existieron los “chat rooms”. Plataformas como LatinChat o MSN fueron los ejemplos primos de que “algo” se podía lograr a través de una pantalla. Allí, una generación de jóvenes pudo experimentar con identidades y conversaciones que serían imposibles de hacer en persona.

Tiempo después llegó Facebook, como una evolución de MSN y Fotolog, pues tomaba aspectos de las antedichas como la interacción a través de fotos, los “Me gusta”, las comunidades y grupos a los cuales te podías unir, etc. La red social se convirtió en el gran escape de la realidad, donde no sólo se conocía a una persona, sino que se investigaba, se “stalkeaba” y se evaluaba a una potencial pareja a través de sus fotos, sus amigos e intereses.
La actualidad del amor: elección y responsabilidad
Sin embargo, esta nueva realidad también abrió espacio a una revolución más profunda en lo íntimo y lo carnal. Lejos de los moldes rígidos de un noviazgo tradicional, emergieron expresiones que antes se ocultaban o eran reprimidas por la religión, la moral, y la misma cultura de antaño. Las disidencias sexuales, el poliamor, las relaciones fugaces, entre otros. Lo que algunos tildaron de libertinaje, corresponde, en realidad, a una búsqueda consciente de relaciones que no sólo fueran más humanas, sino que más cómodas. Adecuadas a un contexto que cambia entre una y otra persona. El amor se expande a otros rincones, la exploración afectiva basada en el consentimiento y la comunicación explícita.

Evidentemente no todas las personas igual, la gran mayoría valoran la monogamia, incluso si no incluye el matrimonio. Esto no quiere decir que se debe ocultar este “lado B” del amor, todo lo contrario. Este cambio viene acompañado de un abandono lento pero constante de los prejuicios a las minorías y su forma de vivir la vida. No ha de tomarse como una obligación, sino que como una elección.
Más que superficialidad, esto implica un mayor grado de elección y variedad a la hora de decidir algo tan importante como lo es el amor. Una intimidad más elegida, menos impuesta, ya que los tiempos cambian y la cultura también. Hablamos de conexiones redefinidas como un espacio de libertad, donde la autenticidad te otorga credibilidad y un estatus de fidedigno.
