
Vivimos acelerados, cada vez más irritables y sintiendo que siempre vamos llegando tarde a todos lados, pero ¿En qué minuto la vida se convirtió en una carrera para ver quien llega primero?
Chile siempre ha sido un país que tiene un ritmo de vivir intenso, pero estos últimos años la velocidad se volvió una normal la cual miles de ciudadanos siguen al pie de la letra. Y no hablo solamente de autos tocando la bocina en las calles o filas eternas para poder tomar el transporte público, si no que hablo de algo más profundo y esa esa sensación permanente de estar atrasados con la vida.
Todo debe ser de inmediato: las noticias, las compras, las relaciones interpersonales, las respuestas y algo tan primordial como el descanso. La paciencia se volvió un lujo y aunque parezca un poco exagerado es que algo que veo todos los días: jóvenes agotados, adultos irritados y las familias que casa no pasan tiempo juntos porque “no hay tiempo”
El problema es que vivir con esa constante rapidez no nos garantiza tener un progreso real, todo por el contrario ese ritmo solo nos altera nuestra salud mental, nos hace competir en lugar de cooperar, nos hace ser mucho más egoístas e individualistas, causando que tampoco tengamos tiempo para sentir.
Y si, vivimos en un país un poco caro, exigente y desigual, pero esa no es excusa para que tengamos que vivir en una burbuja sin pensar en nosotros mismos y sin la posibilidad de reflexionar para decir ¿Qué sentido tiene vivir en constante apuro si no estoy disfrutando nada en el camino? Yo creo que que es momento de recuperar la calma, de hablar más lento, de poder salir con amigos y familia sin pensar en que tengo que llegar temprano, es momento de compartir momentos son tener el celular en la mano y revisarlo constantemente, llegó el momento de vivir la vida en lugar de sobrevivirla.

Leer en voz alta, descubrirás varias cosas. Falta imagen destacada.