El límite entre la justicia por mano propia y la legítima defensa

Policial

En Chile, la sensación de inseguridad ha ido creciendo de manera preocupante. Cada semana nos enteramos de encerronas, portonazos, robos con violencia que dejan a las personas con mas miedo de salir de sus hogares. Con todo esto es comprensible que la ciudadanía este cansada, frustrada y hasta desesperada. Pero una cosa es la desesperación y otra muy diferente es que empecemos a normalizar la justicia por mano propia como si fuera una solución valida. Y ahí esta el limite donde debemos detenernos a pensar ¿Dónde esta el limite entre protegerse y convertirse en agresor?

La legitima defensa es un derecho. De hecho, la ley lo reconoce y lo protege. Esto significa que, frente a una agresión real, una persona puede defender su vida o la de otros, pero siempre que la respuesta sea proporcional al ataque. Es decir, reaccionar para detener un daño, no para “dar una lección”, castigar o descargar rabia.

En cambio, la justicia por mano propia es todo lo contrario. Es cuando un grupo de personas golpea, retiene o incluso hiere a alguien que ya no representa peligro, o cuando se agrede a un sospechoso sin pruebas ni un proceso. Es actuar desde la rabia, no desde la protección. Saltando los derechos que tiene esa persona sea o no sea inocente.

El problema es que, cuando la violencia se toma el espacio público, se abre la puerta a un caos donde cualquiera se cree juez y verdugo. Allí no hay investigación, no hay derecho a defensa , no hay proporcionalidad: solo hay violencia. Y la gravedad ante esto es que cualquier persona puede terminar siendo víctima, incluso alguien inocente.

Comprendo que esto sucede por el cansancio de la gente. Con un Estado que muchas veces parece ausente, investigaciones que demoran y un sistema que no siempre entrega respuestas rápidas, mucha gente piensa que la única manera de protegerse es hacerlo con sus propias manos. Pero la solución no puede ser reemplazar a las instituciones, sino exigir que funcionen mejor. Reformar a Carabineros, mejorar la persecución, fortalecer la presencia en barrios, prevenir en lugar de reaccionar siempre tarde, ese es el camino que debiéramos tomar.

Si permitimos que la justicia por mano propia se normalice, lo único que lograremos es legitimar el descontrol. Y un país donde la ley deja de ser quien ordena se vuelve mas inseguro. Por que la violencia nunca detendrá a la violencia.

Por eso, hoy mas que nunca, debemos defender la legitima defensa como un derecho limitado y responsable, y sobre todo rechazar la justicia por mano propia como acto que rompe el pacto social. El miedo no debe transformarnos en lo mismo que criticamos. La seguridad se construye con instituciones fuertes, no con linchamientos. Y protegernos no puede significar abandonar la justicia, sino exigir su función.

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