Convivir con animales es algo que, en mi opinión, debe ser desde las primeras etapas de la vida, ya que genera un apego junto con una comprensión y convivencia con otros seres vivos. Los gatos, a pesar de ser considerados ariscos y distantes, son una de las especies más amables.
Ronroneos, pasos suaves que pareciera que caminaran en una nube, maullidos armónicos y una presencia sigilosa que con sus desastres, pelo que cae y bigotes que según las creencias de gente que tiene gatos, dan buena suerte y protección.
Quienes no tienen gatos, suelen creer que estos son distantes, agresivos e independientes, pero ese estigma es erróneo, basta convivir con ellos unos momentos para descubrir que son unos seres cariñosos y apegados a su cuidador (o a las personas que le generan confianza). No son mascotas “fáciles”, cada felino tiene una personalidad distinta, gustos definidos (como cariños en la panza o en las patas) y límites distintos, esto demuestra que aprender a convivir con ellos es un ejercicio de respeto y aprendizaje mutuo como se explicó anteriormente.
Tener un gato no es solo tener una mascota, es una vida que llega a la tuya para complementar y ser parte de la familia, estás compartiendo tu hogar con alguien que quizás rompa tus muebles, deje con pelusas tu ropa negra y una responsabilidad gigante, pero todo es momentáneo. Pon en una balanza las cosas que haga tu “michi”, la alegría siempre pesará más, incluso aunque pueda sacar canas verdes por sus travesuras.
Hay que entender que un gato no siempre es ruidoso ni mucho menos evidente, algunas veces llega en forma de sigilo, sorpresa, un ronroneo tímido o también una pequeña caricia en tus piernas para mostrar su afecto. No porque se apegue menos significa que no te ama, si no que quizás necesita su espacio y su momento.
Estas mascotas no solo te regalan su cariño, si no que te regalan su compañía, su confianza y sobre todo, su pancita. Que un “michi” pida cariño en esa zona es el “peak” de su amor por tí, se está entregando completamente, sin miedo.
Al final, no eres dueño de un gato, eres su hogar, su lugar seguro y sobre todo, un compañero para toda su vida. Y ese amor pesa tanto como alivia en el corazón de cada humano favorito del felino.

Bien.