
En la década de 1960 crece significativamente la literatura y cultura latinoamericana, logrando así el reconocimiento de grandes autores que hasta hoy, en colegios, sus obras siguen siendo leídas. Uno de ellos es Cortázar, considerado el maestro del surrealismo que rompe los esquemas de la escritura tradicional.
Entre sus mejores obras destaco Bestiario, un libro compuesto por ocho cuentos que al explorarlos el lector atraviesa por una infinidad de emociones. Cortázar logra generar una mezcla de sentimientos entre la incomodidad, tristeza, sorpresa y como lo fue en mi caso, confusión.
Carta a una señorita en París (¿y conejos?)

En este cuento el protagonista vomita un conejito, es algo que hace de vez en cuando. Sin embargo, se ve envuelto en un apuro cuando comienza a vivir en el departamento de su amiga que está en París. Teme, por desgracia de sus conejitos, alterar el orden bello de la vivienda. Al primero quiso matarlo, pero se encariñó con él. Lo peor vino después, cuando eran diez conejitos. La duda aquí es: ¿qué simbolizan estas criaturas? Estos podrían referirse a sus temores y preocupaciones que irrumpen su rutina.
“No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales”… y así es como termina el relato.
Legado del ícono literario
Julio Cortázar fallece el 12 de febrero de 1984, en París, de una enfermedad sin nombre en aquellos tiempos. El autor de Rayuela fue uno de los escritores más originales del siglo XX, construyendo historias que trascienden de la cotidianidad a obras fascinantes y logrando impresionar a los lectores, rompiendo lo tradicional mediante el surrealismo: lo fantástico, lo inexplicable y la irracionalidad.
Actualmente, Cortázar sigue siendo uno de mis escritores favoritos de la literatura de latinoamérica. Carta a una señorita en París, el primer trabajo que leí de él, lo recordaré por siempre como la obra que marcó un antes y un después en mis lecturas clásicas.