Es usual encontrarse en línea (especialmente en comunidades dedicadas al séptimo arte) el chiste de “los gays no viven felices por siempre”, haciendo referencia a que las narrativas centradas en personajes LGBTQ+ tienden a ser deprimentes o poseen un final desastroso para la pareja principal o para el protagonista. Sin embargo, no se está viendo el panorama completo de estas historias, por lo que existe una mirada reduccionista del cine queer.

El ejemplo más utilizado dentro de este argumento es “Secreto en la Montaña”, película del 2005 dirigida por Ang Lee que relata la historia de amor entre Ennis del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), dos hombres que llegan a trabajar como pastores de ovejas y que deben de esconder su relación debido al entorno homofóbico del campo estadounidense de los años 60.
Ahí se encuentra el punto principal, y es que el relato transcurre en una época en donde era mal visto sentir atracción por alguien del mismo sexo, por lo que el filme es, más bien, un reflejo de algo que sucedió y aún sucede, ya que aún en la actualidad existen este tipo de conductas relacionadas al discurso de odio. Y así se pueden nombrar varios ejemplos, como “Merry Christmas Mr. Lawrence” (1986) o “Carol” (2015), películas que suelen verse desde una mirada moderna pasando por alto los contextos históricos en que transcurren las narrativas.

Sin embargo, el paso del tiempo ha evidenciado que estas actitudes se han ido reduciendo, especialmente en filmes que tienden a situarse en años modernos. Ahí tenemos un ejemplo nacional: “Una Mujer Fantástica“, película del 2017 dirigida por Sebastián Lelio que sigue la vida de Marina (Daniela Vega), una mujer transgénero que lucha por ser aceptada, culminando con un final esperanzador para ella.